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Mini Diccionario Lunfardo ]
PRÓLOGO DEL NOVÍSIMO DICCIONARIO LUNFARDO
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Título: Novísimo Diccionario Lunfardo |
| Autor: José Gobello, Marcelo Oliveri
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| Formato: 16 x 22, 366
páginas. |
| Precio: u$s 14 +
envío |
Artículo: LUN01 |
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Entendemos,
con Saussure, que el habla es la porción del vastísimo tesoro
del idioma con la que se manifiesta y expresa el hablante. El
habla de Buenos Aires es algo más que eso, es casi una coiné, es
decir el producto de reducir a unidad cierto número de vocablos
dispersos. Hemos definido al lunfardo como un vocabulario cuyos
términos tienen diverso origen y son utilizados por el hablante
de Buenos Aires en oposición a los que le propone la lengua
oficial. Como quien dice, algo que se adiciona a la porción de
términos castellanos usada por el hablante. Esa porción no está
compuesta solamente por voces cultas, sino también por términos
populares, tales como afanar, curda o guita.
Tampoco
se reduce la adición a la terminología históricamente
considerada lunfarda. Deben agregarse términos inobjetablemente
ortodoxos como garúa, pelechar, retrechero, considerados
lunfardismos aún por algunos lunfardistas muy exigentes que los
han encontrado en un nivel de lengua popular (la letra de tango
y el sainete).
¿Qué
es el llamado lunfardo histórico? ¿El repertorio de las 400
voces registradas por Dellepiane o el de las 1300 anotadas por
Villamayor? En todo caso el uno y el otro incluyen también
vocablos extranjeros. En realidad casi todos los vocablos de
esos léxicos proceden del exterior, puesto que el lunfardo es
principalmente un producto de la inmigración; inclusive lo es el
que algunos denominan lunfardo canero y nosotros preferimos
llamar habla de los delincuentes. La extranjería no impidió que
los fundamentalistas del lunfardo los incluyeran en su propio
repertorio. Allí podemos encontrar no solo jailaife (ing.
high life), vulevú (fr. voulez-vous) y
schotear (ing. shot), sino también enchastrar
(genovés inciastra), manyar (ital. mangiare),
minga (lombardo, minga). No es entonces el
origen de los vocablos el que define la lunfardía.
Hemos
escrito alguna vez que el lunfardo, además de un vocabulario, es
un nivel de lengua, un aire, como decía Joaquín Gómez Bas. Quien
más lúcidamente definió al lunfardo, cuando sólo existía el
ahora lunfardo histórico, Juan A. Piaggio, llamó a sus términos
argentinismos del bajo pueblo. Consideraba aquel autor, en 1887,
como lunfardos muchos términos que por entonces otros
especialistas, entre ellos el más destacado, Antonio Dellepiane,
daban como voces de ladrones. Lo que para este ilustre
criminalista era jergal para Piaggio era popular. A fines del
siglo XIX y en la primera década del siglo XX, es decir en el
lapso en que el lunfardo adquiere forma y constituye un elemento
literario en embrión, era más fácil deslindar lo popular de lo
que no lo era. La gente del pueblo -es decir de la parte
mayoritaria de la población- no necesitaba conocer palabras que
no circularan en su propio nivel social, puesto que no tenía
ocasión de escucharlas en boca de nadie, de encontrarlas en la
literatura o en la prensa y mucho menos tener noticias de ella a
través de la radio y la televisión, que aún no existían. Dejando
a los sociólogos la tarea de establecer y diferenciar los
diversos estamentos sociales, lo que se puede decir con toda
precisión es que muchísimos vocablos salen al encuentro del
pueblo a través de los medios de comunicación. Y también que el
sector del pueblo más culturizado -por ejemplo el compuesto por
personas que han aprobado la enseñanza media-, topa con
frecuencia, inclusive en las lecturas escolares, con
términos foráneos.
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